Belleza nupcial
LLega el momento y hay que prepararse. Para ser la mas guapa ante el altar, nada mejor que realizar un buen plan de boda.
Un cutis resplandecienteNo menos cuidados merece la piel del rostro, aunque no haga falta planificarlos tan a largo plazo, siendo suficiente un mes de antelación, que es cuando debería hacerse una primera limpieza de cutis. ¿Por qué con tanto tiempo? Sencillamente, para ser previsora frente a posibles reacciones alérgicas o incluso granitos, que en ocasiones surgen tras un facial. De esta forma, se asegura que el cutis va a tener tiempo más que de sobra de recuperarse. Tres semanas más tarde, se puede repetir la limpieza y, sobre todo, completarla con un tratamiento facial que aporte luminosidad y resplandor al rostro. La excepción se produce en los casos de problemas concretos, como pueden ser el acné, las impurezas o la hipersensibilidad, lo que requeriría un tratamiento más largo que, por tanto, debe realizarse con mayor antelación.
Un cabello en plena forma
Al igual que en el rostro, cuando se trata del pelo, es mejor dejar los experimentos para otro momento. Es decir, si se va a hacer cualquier cambio capilar notable (un nuevo color, mechas o hasta un corte diferente), más vale hacerlo al menos cuatro semanas antes, por si hubiera que hacer cualquier tipo de corrección. La boda puede ser además la excusa perfecta para regalarse un par de tratamientos de hidratación intensiva del cabello, lo que siempre mejora su salud y belleza, especialmente en el caso de cabellos secos o castigados. ¿Prefiere refrescar su color de siempre? En ese caso, conviene hacerlo de cinco a dos días antes de la boda, para aprovechar al máximo el brillo que tiene el pelo recién teñido o con mechas.
Las pruebas de peinado y maquillaje
¿Quiere un consejo de modelo para acertar con las diferentes opciones de cabello y rostro? Lleve consigo una cámara y hágase fotos. Desde varios ángulos. Sin vergüenza alguna. De esta forma, podrá ver cuál es el aspecto final con una mirada más objetiva, comparando los diferentes estilos entre sí. Eso sí, no conviene hacer caso de demasiadas opiniones diferentes ¡o acabarán volviéndola loca!
Como regla general, no conviene dejarse llevar demasiado por las modas más vanguardistas: éstas pasan, pero las fotos y el video de la ceremonia, no. Los estilos más clásicos mantienen su vigencia, y siempre son favorecedores. Eso se traduce en un maquillaje en colores suaves, sin líneas duras ni definidas, de trazos ligeros. Tonos castaños, rosados, en corales delicados... siempre con un aspecto muy femenino, donde lo que predomine sea la personalidad de la novia, y no el colorido. Se trata de realzar la belleza de cada mujer, no hacer un catálogo de maquillaje. Un consejo importante: en las pruebas, lleve una prenda blanca, para comprobar el efecto con un color claro como el del traje de novia, ya que el tono de la ropa influye sobre el aspecto final del maquillaje.
En el peinado, lógicamente, se permiten más alegrías. Sin embargo, es cierto que es conveniente que éste no se aparte demasiado del estilo habitual de la novia. ¿Lo lleva generalmente rizado? Es posible darle un aspecto cuidado y mantener sus ondas. ¿El recogido en lo alto de la cabeza es demasiado estricto? Quizás un moño bajo sea más acorde con sus facciones. Las posibilidades son muchas, y todas dignas de ser exploradas. En lo que a color se refiere, las mujeres que acostumbren a vestir siempre de negro o de tonos oscuros pueden tener en cuenta la posibilidad de dar a su cabello un tono más cálido de lo habitual, ya que así se verá mejor con el blanco del traje de novia blanco.












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