Los secretos de la exfoliación

Pocos tratamientos de belleza resultan tan agradecidos como la exfoliación, capaz de conseguir una piel más lisa y suave en poco tiempo. Pero existen muchas y diferentes maneras de realizarla, y esta guía les ayudará a conocer mejor lo que pueden obtener de ella.

Por hola.com

¿Qué le sucede a la piel durante la exfoliación? Las células cutáneas nacen en lo más bajo de la epidermis, en su "fondo". Cuando son bebés, estas células son redonditas, rollizas y jugosas, y poco a poco, suben y se van abriendo paso hacia las capas superiores mientras, desde abajo, las nuevas células que no cesan de nacer, las empujan hacia arriba, al exterior. En este proceso imparable, se van achatando y haciendo cada vez más planas, perdiendo su lozanía durante la maduración. Cuando llegan a su destino final, la superficie de la piel, las células se han aplanado y han quedado secas, ya que su núcleo se degrada y se llenan de una proteína muy dura y resistente llamada queratina, razón por lo que este último proceso se llama queratinización. Por eso, al llegar al exterior (planas, duras y secas), ya están preparadas para cumplir a la perfección su papel final de barrera protectora frente al mundo exterior. Progresivamente, parte de esas células, ya muertas, son empujadas para las nuevas células y desaparecen de forma invisible a los ojos. A lo largo de la vida, se pierden varios kilos de piel de esta manera.

No toda la piel es igual
La queratinización es un mecanismo de defensa del organismo, dado que estas células muertas son una capa de protección. En los pies, donde la fricción es constante, la piel es mucho más gruesa porque se acumulan capas y capas de células muertas hasta formar las durezas, que protegen los tejidos interiores, mucho más delicados, mientras que en los párpados, que deben ser flexibles para permitir el parpadeo, la piel es tres veces más fina que en el resto del rostro. De ahí que en las áreas del cuerpo donde se ejerce presión de forma constante acaben formándose zonas queratósicas o de durezas, como sucede en el lateral del dedo índice al escribir o en el dedo pequeño del pie cuando se llevan zapatos de punta.