Botox, contra el sudor
Disimula las arrugas... ¡y otras cosas!
Hasta hace apenas unos años, la toxina botulínica (botox) se usaba sólo para paralizar la actividad de los músculos de la frente, eliminando así las arrugas propias del ceño fruncido, aunque cada vez más se extiende su uso en palmas de las manos, plantas de los pies e incluso axilas para mejorar la calidad de vida de las personas que sufren de hiperhidrosis o sudoración excesiva.Bastan unos cuantos pinchazos en las zonas afectadas para 'congelar' la actividad de las glándulas sudoríparas de la zona durante aproximadamente tres meses, un auténtico alivio para quienes padecen este trastorno, especialmente antes de ocasiones potencialmente estresantes o de épocas de calor, como el verano. Las inyecciones de botox están ofreciendo una alternativa muy eficaz al tratamiento anterior, que pasaba por la extirpación quirúrgica de las glándulas sudoríparas de la zona, una intervención laboriosa, con las complicaciones propias del paso por quirófano, y que dejaba cicatrices en el área afectada.





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