Las causas del sudor

Por desagradable que pueda resultar en algunos momentos, el sudor es una reacción física vital, destinada a evitar que el organismo sufra un recalentamiento fatal cuando el medio ambiente tiene una temperatura demasiado elevada.

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El sudor regula la temperatura corporal y es tremendamente útil cuando hacemos ejercicio.  
Cuando el organismo siente que el calor es excesivo, un ejército de unos cuatro millones de glándulas sudoríparas se pone en marcha para evitar que la temperatura interna no pase de los 36,5º, liberando sudor, una sustancia incolora e inicialmente inodora, compuesta en un 99% de agua.

El sudor regula la temperatura corporal, ya que el entrar en contacto con el aire y evaporarse, disminuye el calor, y además ayuda a eliminar determinadas sustancias tóxicas y, por su pH ácido, tiene propiedades antisépticas y antifúngicas, que protegen el equilibrio de la piel. Por ejemplo, el sudor que cubre la piel cuando tomamos el sol la reviste de ácido urocánico, un componente que ejerce una función extra como filtro solar.

Existen dos tipos de glándulas sudoríparas: las endocrinas, de mayoría aplastante (alrededor del 98%) y distribuidas por todo el cuerpo, pero que apenas producen olor; y las apocrinas, situadas junto a la raíz del vello, y que además de agua, segregan sustancias grasas y aminoácidos que, al interactuar con la flora bacteriana de la piel, se degradan y producen esa nota olfativa que conocemos como olor a sudor. Esta es la razón por la que el sudor fresco no huele, como puede comprobarse al lado de cualquier deportista: por mucho que transpire, no emite un olor desagradable. El problema es especialmente notable en los pliegues de la piel, como axilas o ingles, donde se crea un microclima húmedo que potencia la proliferación de estos microorganismos.

La higiene, elemento básico
El primer y más eficaz método para evitar el mal olor es la combinación de agua y jabón: ni los más eficaces desodorantes y antitranspirantes actúan sobre la piel sucia, ya que ambos necesitan una superficie libre de bacterias para desarrollar su función. De ahí que éstos deban aplicarse siempre tras la ducha y en áreas limpias.

Sin embargo, un exceso de higiene puede irritar las pieles sensibles, como sucede con las personas que se duchan varias veces al día. En este caso, conviene limitar el uso de jabón neutro a las zonas de mayor sudoración (axilas, ingles), sin insistir en el resto del cuerpo, renunciando a los baños a favor de duchas cortas con agua templada.

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