Buenos propósitos
Siete resoluciones para empezar el año
Hacerle mimitos al cabello.Una de las cualidades del pelo es que, por estropeado que esté, responde muy bien en cuanto recibe los cuidados adecuados. Pero no hace falta esperar a que quede seco y fosco como la estopa para comprobar esta afirmación: nada más sensato que dedicarle un poco de atención constante para un brillo seguro. Más vale prevenir... En la mayoría de los casos, basta con hacer algo tan sencillo como usar un bálsamo acondicionador tras cada lavado. Más importante que el tiempo de aplicación es repartirlo a conciencia para cubrir cada mechón, peinando siempre sin tirones. (El cabello húmedo es especialmente frágil, mucho más que cuando está seco). Quien tenga el pelo graso deberá aplicarlo sólo en puntas, evitando la raíz. Esta es una regla casi obligatoria para el cabello teñido, permanentado o que se somete regularmente al aire caliente del secador, proceso que secan y fragilizan hasta la fibra capilar más resistente.
Someter el neceser a examen.
Eche un vistazo neutral y desapasionado a sus útiles de maquillaje. Y después, tire a la basura todo lo que no haya usado en los pasados 365 días. No dude en deshacerse de todo aquello que parezca rancio o pasado de fecha. Condene al destierro a toda máscara de pestañas mayor de seis meses. Sinceramente, no vale la pena sufrir una conjuntivitis por ese viejo tubito reseco. ¿Hay pinceles y brochas? Lávelas sumergiéndolas en agua con una gota de champú, y déjelas secar al aire y tumbadas. Si las coloca en vertical, se abrirá el pelo.
Invertir en dos buenas brochas.
Prácticamente todos los cosméticos de color incluyen un pequeño aplicador, más o menos mono, más o menos apañado. Pero, sinceramente, ninguno da la talla. Están bien para emergencias y momentos de apuro, pero no bastan para un maquillaje natural. ¿O alguien cree que es casualidad que ni un solo maquillador los utilice, y que ninguno se separe de su kit de pinceles? Dedique algo de presupuesto a una brocha grande para colorete y otra para las sombras de ojos, ¡como mínimo! Ya puestos, lo mejor sería tener otras tres: pincel fino para sombras oscuras, grande y suave para los polvos traslúcidos y de pelo corto y duro para los labios.
Pensar de tobillos para abajo
Nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Y de los pies, cuando llega el tiempo de sandalias, tras dejarlos totalmente desatendidos durante el tiempo de botas, medias y calcetines. ¡Que injusticia! No es de extrañar que luego se tomen la revancha con talones agrietados, durezas irredentas y demás. Basta con acordarse de aplicar la crema de cuerpo habitual de pies a cabeza. Bueno, mejor dicho, de pies a cuello. Aún mejor si les dedica una hidratante específica para ellos. Estos productos contienen ingredientes como la urea, uno de los pocos capaces activos capaces de penetrar en las zonas más gruesas y rugosas, como talones, codos o rodillas.
Cambiar de opinión respecto al escote
Este es posiblemente uno de los consejos más sencillos y sensatos en lo que a cuidado de la piel se refiere. Amplíe su área de tratamiento facial hasta el escote. En vez de detenerse en la mandíbula, desmaquille, hidrate, proteja y mime su cutis desde la frente hasta el pecho. Cada mañana, cada noche. Y es que a pesar de estar cubierto por una piel extraordinariamente frágil e indefensa, nos olvidamos siempre del escote, tan expuesto al sol como el rostro. ¿El resultado? Manchas, arrugas y un aspecto apergaminado antes de tiempo. Si toma el sol, dedíquele siempre protección extra. ¿Le gusta regalarse mascarillas hidratantes? Recuerde: el escote es una prolongación del cutis, así que no dude en extenderlas también desde los hombros hasta el pecho.












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