Los secretos de la exfoliacion
Hace sólo algunos años, la exfoliación, también llamada gommage o peeling era un tratamiento poco frecuente. Pero en los últimos años ha vivido un auténtico boom. ¿Tiene alguna base lógica o es sólo una moda más?
La exfoliación, sea realizada con un guante de lufa, una toalla áspera, una manopla de crin o un cosmético exfoliante (que es nuestra opción favorita), consiste en eliminar la finísima y prácticamente invisible película de células muertas que, al encontrarse sobre la superficie de la piel, le pueden dar a ésta un aspecto algo apagado, como si estuviera cansada. La forma más sencilla de devolverle la luminosidad es deshacerse de estas células muertas para revelar una piel más sonrosada y suave, de mejor aspecto y de un tacto mucho más sedoso.La mejor forma de usar un cosmético exfoliante es realizando con él pequeños y suaves masajes circulares, siempre sobre la piel húmeda. Pero siempre con cuidado y mano delicada, y nunca sobre piel irritada, herida, recién depilada, sensibilizada o con acné. No debe realizarse más de dos veces por semana ¡como máximo!, y siempre con un producto exfoliante muy suave. Huya de los productos agresivos, especialmente en las zonas más frágiles del cuerpo, como el escote o el contorno de los ojos. No utilice los exfoliantes corporales en el rostro: equivale a matar mosquitos a cañonazos, ya que cuando se trata de la cara, debe ser doblemente cuidadosa y no abusar de la exfoliación para no irritar el cutis en exceso. Eso sí, no dude en frotar a conciencia las zonas más rugosas del cuerpo, como rodillas, codos o pies, para así devolverles la suavidad que se merecen.
Tras la exfoliación, la piel se encuentra mucho más receptiva a cualquier producto de tratamiento, por lo que es el momento perfecto para aprovechar y usar después una buena hidratante, sea una mascarilla en el caso del rostro o un crema corporal untuosa si se trata del cuerpo.












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