¡A toda pista! Guapa y protegida durante el esquí

Hacer deporte es sano. Y el esquí es una forma excelente de estar en plena forma. Pero puede pasarle una factura muy alta a la piel si no se toman las precauciones adecuadas. Estas son las claves para estar guapa antes, durante y después de lanzarse por la pista.

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Disfruta del esquí sin renunciar a tu belleza. 

  • Por cada 300 metros de subida, la radiación ultravioleta aumenta un 10%. Además, la nieve la refleja como un espejo, lo que potencia aún más su intensidad. Es decir: ¡quemarse es facilísimo! Especialmente, porque el frío elimina la sensación de calor que nos avisa que nos estamos abrasando.
  • No hay que fiarse de la nieve: es mejor ir por lo alto con el factor de protección que quemarse. No conviene bajar de un factor 30, a ser posible de fórmulas específicas para el frío.
  • No sólo el sol agrede la piel, sino también el frío, mucho más si hay viento. Para evitarlo, conviene proteger el cutis con cremas muy hidratantes antes de salir al aire libre.
  • Por la noche, hay que limpiar el rostro de todo resto de productos y extender una crema hidratante muy untuosa y regenerante, que, ¿por qué no? puede ir precedida de una mascarilla, que ayudará a calmar la sed de la piel de inmediato.
  • Cuidado con los cambios bruscos de temperatura, como los que se producen por la diferencia entre el frío exterior y los cálidos interiores. No conviene ¡nada! a los cutis con cuperosis o muy sensibles, que además deben evitar el alcohol, las comidas picantes o el tabaco, que agravan aún más sus problemas. Bronceado de invierno
    Dar al rostro un ligerísimo toque de color es posible sin necesidad de pasar por los rayos UVA ni de huir al trópico. Y encima, es fácil. El secreto está en el bueno uso de los polvos de sol.
  • Para dar un tono de base a la piel, ¿por qué no hacer buen uso del autobronceador facial? Tras exfoliar, se extiende por todo el rostro por igual, sin olvidarse de cuello y orejas, y se deja secar. Importante: cuando la tez está blanca, hay que elegir intensidades claras.
  • La base de maquillaje no ha de ser más oscura de lo habitual, sino, como siempre, del mismo color que el cutis.
  • Usando una buena brocha (¡importantísimo!) se aplican los polvos de sol. Antes de llevarla a la piel, se elimina el exceso, bien soplando o bien con un pequeño golpecito, y se pasa sobre el rostro apenas acariciándolo, con un gesto ultraligero.
  • La brocha se pasa por las zonas más altas del rostro: centro de la frente, alto de los pómulos, puente de la nariz y extremo de la barbilla, siempre con gestos muy amplios y suaves.
  • Sin volver a mojar la brocha en el producto, con tan sólo el resto que queda en la misma, se da color al resto del rostro y a cuello y escote.
  • Para un toque de luminosidad extra, nada como un golpe de colorete rosado en el centro de las mejillas. Un maquillaje rebosante de salud
  • En los ojos, una sombra clara, color hueso o vainilla, sobre todo el párpado, para unificar. En el párpado móvil, un suave tono castaño, muy ligero, y una línea de delineador muy difuminada junto a la raíz de las pestañas. El toque final lo da la máscara negra.
  • En las mejillas, un suave tono rosado en el centro de las mejillas, difuminado hacia la sien y hacia abajo.
  • En la boca, un labial semi mate apenas algo más oscuro que el tono natural de la boca.

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