Los pies no muestran la edad en forma de arrugas, pero ésta, lógicamente, tiene consecuencias.
La edad también se nota en los pies si no luchas por prevenir los síntomas del envejecimiento.
A los cincuenta años se suele tener de media a una talla más que a los veinte.
El sobrepeso aumenta la carga de los pies, lo que contribuye a hincharlos y aumentar su ancho.
Se pierde grasa en el "cojiente" de los pies, por lo que los tacones se soportan mucho peor.
El grosor de las uñas aumenta, y pueden tomar un color más pálido o amarillento.
A partir de los setenta, no está de más acudir al podólogo una vez por semana, ya lo que los problemas se multiplican y, por problemas de flexibilidad, se hace más difícil prestarles la atención adecuada en casa.
ALTA COSTURA
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